Borja Macía

Borja Macía

Un principal de cocinero con guarnición de profesor de idiomas, una combinación que da como resultado una atención a la materia prima a la par que a la historia y origen del plato. Una elaboración con un producto de primera sabe mejor si se le da alma

Sobre Borja Macía

Hace casi 20 años me picó el gusanillo de los fogones. Ver trabajar al gran Karlos Arguiñano en su programa de televisión me abrió la mente a un mundo millones de veces más grande que el filete con patatas. Desde entonces empecé a meterme en la cocina a preguntar y probar lo que mi madre y abuela cocinaban. Mi prueba de fuego fueron las empanadillas de carne picada que hacía mi abuela. Y si bien es cierto que en mi casa nunca hubo tradición cocinera, eso no me desanimó para querer saber más y más.

Por fin, a los 18 y tras acabar bachillerato, pude realizar mi sueño de estudiar los intrincados procesos de los fogones. La guinda del pastel fue poder realizar mis prácticas en la cocina del hotel Grand Abbatiale, en el pequeño pueblo portuario de Bénodet, en la Bretaña francesa. El día que regresé a España y di por terminada mi formación oficial en cocina sentí que nada me podría estropear aquella sensación. 

Tras pasar un año en la cocina de un restaurante en mi ciudad natal, Monforte de Lemos, mis padres me animaron a que no desaprovechara la facilidad que innatamente tengo para los idiomas. De este modo, me tomé un tiempo de descanso de la cocina profesional mientras sacaba el Grado de Lenguas Extranjeras en la Universidad de Vigo. Por un capricho del destino, allí conocí a mi actual novia, que había vivido la mayor parte de su vida entre Panamá, Estados Unidos y Alemania. Ella es la responsable de mi interés por la cocina internacional, y no podría agradecérselo lo suficiente en lo que me queda de vida.

Esto nos trae hasta hoy en día. Los proyectos que tengo en la cabeza son numerosos y no precisamente fáciles o baratos, pero es verdad que nada que merezca la pena lo es. Bendita cocina me ha acercado un paso más a poder realizarlos algún día, otra deuda que no se salda así como así. Respecto a mis sueños de futuro, todos incluyen una concepción culinaria tradicional, si bien refinada y adaptada al cliente más exigente. No obstante, siempre estoy abierto a nuevos retos y, por supuesto, a seguir creciendo y aprendiendo todo lo que me echen. 

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