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¿Gastronomía con niños? Es posible

¿Cuántas veces habéis oído eso de que mejor sin niños en los restaurantes, que si los padres no se hacen cargo y los críos se desmadran por las mesas o que los berrinches que se cogen no los tienes por qué aguantar en tu día de ir a comer fuera?

¿gastronomía con niños? es posible

Tantas como nosotros, imaginamos. Si no eres tú el o la hater que se pone en modo Herodes cuando ve un carrito de bebé en un restaurante caro.

 

Sea cual sea tu posición en este debate - que ha generado hilos de lo más encendidos en redes sociales - nosotros nos proponemos romper una lanza por el mundo infantil y acercar un poco de conciliación entre los más pequeños y las experiencias gastronómicas.

 

¿Por qué apartamos a los niños de algo tan placentero como la gastronomía?

 

Independientemente de cómo pueda o quiera educar cada uno a sus pequeños, hay una realidad que nos parece incontestable: los niños no tienen - ni deberían tener - el mismo concepto de ocio que los adultos.

Iniciativas como prohibir la entrada de los pequeños a un restaurante es una medida muy desproporcionada y hasta cierto punto peligrosa. Si bien llevarse al crío contigo a degustar ostras - porque no tenías con quién dejarlo - y aparcarlo para hacer como si no estuviera, tampoco es la mejor idea ni para ti ni para los demás.

 

Generalmente nos olvidamos de que los niños (propios o ajenos) tienen necesidades y derechos básicos. Ni son accesorios ni son pandemias de las que se haya que alejar. Pero si queremos hacer un análisis más empresarial (y un poco siniestro) de la utilidad de los peques, conviene recordar que son futuros consumidores. Si desde la cuna les tratamos como comensales (que lo son, a todo esto) les estaremos enseñando al mismo tiempo a relacionarse de forma natural con la comida mientras aprenden a interiorizar y valorar sabores y experiencias nuevas.

 

El enfoque es el error de base

 

Lo más interesante a este respecto sería disfrutar con ellos de experiencias gastronómicas adaptadas para todos. Esto no quiere decir que te haya caído la condena de comer pasta con tomate o pollo empanado cada vez que salgas de casa a comer. Más bien al contrario, se trata de generar experiencias en las que los pequeños puedan ir acercándose de forma lúdica a nuevos grupos de alimentos, a las especias o los sabores amargos. Si un niño se siente parte de una actividad, responderá de forma interactiva a ella.

Esto no solamente se consigue en casa aunque, como recuerda la autora Bee Wilson es la parte fundamental. En su libro El primer bocado la británica insiste en la importancia de no cometer el error de convertirle al niño en un suplicio la hora de comer. Si interiorizan que la comida es un tormento, el futuro adulto puede llegar a desarrollar patologías relacionadas con la alimentación, además de sublimar la violencia inconsciente en tensión, mala educación, y otros patrones de conducta que son tan o más crispantes que los berrinches de un infante aburrido:. Y para muestra, un botón: https://elcomidista.elpais.com/elcomidista/2016/11/10/articulo/1478810743_229589.html

Empecemos a disfrutar juntos

 

La idea es poder realizar actividades en las que tanto los peques como nosotros disfrutemos de una experiencia completa. Este tipo de actividades se programan de forma adaptada para que vosotros podáis sentir experiencias gastronómicas nuevas mientras los niños van adquiriendo conocimientos y nuevas formas de relacionarse con los alimentos. Es una propuesta insuperable para disfrutar en familia y para prepararlos para un mundo en el que la gastronomía tiene un peso cada día mayor. Además, generar este tipo de vínculos a través de actividades lúdicas y tan, tan suculentas tiene recompensa a corto plazo: cada día os será más fácil organizar planes en familia, los niños aprenderán un montón y, además, serán la envidia de los demás comensales.

 

Ya véis que no supone ningún esfuerzo conciliar pequeños y alta gastronomía, es, simplemente, una cuestión de actitud.

 

¿Y vosotros? ¿Os apuntaríais a una experiencia gastronómica con los niños o seguís pensando que es un error ayudarles a pasarlo bien?

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